viernes, 26 de julio de 2019

Efectos saludables del verano


El estrés crónico es uno de los grandes males de nuestro tiempo. Durante el invierno pensamos frecuentemente en el verano, asociándolo a descanso, desconexión de las obligaciones cotidianas, relajación, tiempo libre, familia, amigos, etc.

Algunos efectos no tan positivos pueden ser determinados procesos infecciosos (diarrea, conjuntivitis, otitis), quemaduras solares, enfermedades…

Las vacaciones disminuyen nuestros niveles de estrés, manteniéndose algún tiempo tras la vuelta a la rutina. El periodo estival asocia cambios que favorecen dicha situación, como por ejemplo el incremento en la duración de los días o en la temperatura, el clima seco, entre otros.

En virtud a dichas variaciones, se suelen modificar los estilos de vida, hábitos dietéticos, rutinas de ejercicio, etc. Aunque dichos cambios se instauran, de manera paulatina, durante la primavera, en ocasiones la adaptación a dicha situación puede acabar impactando sobre la salud.

La mayor intensidad lumínica, que acompaña al incremento en la duración de los días, impacta sobre los biorritmos, tendiendo a prolongar la actividad durante todo el día, prolongando las horas de ocio y retrasando o acortando las horas de ocio. Es importante mantener las 8 horas de descanso. Además, también afecta positivamente al estado de ánimo.

El aumento de temperatura puede complicar el manejo de los líquidos corporales que realiza el cuerpo, especialmente en situaciones de deterioro previo (neurológico, cardiológico, metabólico, respiratorio, renal, etc). En estas situaciones, es fundamental mantener un estado de hidratación adecuado, especialmente en niños y ancianos.

En verano, el clima es más seco, pudiendo interrumpirse por momentos de inestabilidad atmosférica que provoquen precipitaciones, contribuyendo a la presencia de cambios térmicos.

Por ello, son más frecuentes algunas patologías respiratorias (resfriados) o de origen otorrinolaringológico (faringitis, entre otras). La asociación de mayores temperaturas con climas más secos puede conllevar una mayor utilización del aire acondicionado, favoreciendo todavía más la aparición de las patologías citadas.

Los cambios climatológicos estivales, junto con el incremento del tiempo de ocio, invitan a modificar los estilos de vida (dieta, ejercicio físico, etc), a pasar más tiempo al aire libre, y a compartir más tiempo con familia y amigos, ayudándonos, así, a relajarnos y a desconectar.

La mayor exposición solar tiene efectos positivos sobre el cuerpo, como por ejemplo el incremento en los niveles de vitamina D. No obstante, debe realizarse con precaución y utilizando ropa y cremas fotoprotectoras para evitar problemas, como el cáncer de piel.

La alimentación también se adapta a la época del año, incrementándose la ingesta de frutas y verduras frescas. Son alimentos frescos bajos en calorías, que ayudan a sentirnos más sanos y mejoran nuestra imagen corporal, aumentando nuestra satisfacción.

Asociado al calor, incrementamos la ingesta hídrica, mejorando nuestra hidratación. El abuso de otros alimentos menos saludables (como helados, bebidas alcohólicas, alimentos cocinados con exceso de aceites, etc), podrían generar cambios en nuestro ritmo intestinal, y también podría aumentar el perímetro abdominal.

El incremento de actividades de ocio y tiempo libre con familiares y amigos disminuye la utilización de tecnologías, relajando nuestra actividad cerebral, estimulando el razonamiento, la formulación de nuevas ideas, el análisis y la creatividad.

Además, se dedica más tiempo a la realización de actividades por placer (lectura, ejercicio físico, etc). La disminución del estrés durante las vacaciones, persiste durante algún tiempo tras la vuelta a la rutina cotidiana. Las vacaciones parecen tener un efecto protector frente a la depresión.

A nivel cardiovascular, estudios como el de Framingham han demostrado que las personas que no cogen vacaciones durante varios años presentan mayor riesgo de sufrir ataques coronarios que aquellas personas que sí lo hacen.

Medidas para disfrutar del verano de manera saludable
·         Planificar las vacaciones, aptas para toda la familia si así se desea.
·         Practicar hábitos y estilos de vida saludables (alimentación, ejercicio físico, etc).
·         No descuidar los horarios, manteniendo un descanso de 8 horas.
·         Protegernos adecuadamente de la exposición solar, mediante gafas de sol, ropas de manga larga, sombreros y cremas fotoprotectoras, evitando la exposición solar en las horas centrales del día. La aplicación de cremas fotoprotectoras debe repetirse cada 2 horas.
·         Hidratarnos adecuadamente. Cuidar especialmente la hidratación de niños y ancianos.
·         Lavar y pelar frutas y verduras antes de ingerirlas.
·         Cocinar bien carnes y pescados antes de ingerirlos.
·         Si viajamos al extranjero:
o   Consultar, con al menos 2 meses de antelación, con los organismos sanitarios pertinentes.
o   Beber agua embotellada.
o   No tomar hielo procedente de agua del grifo.
o   Prestar especial cuidado a la comida, evitando comer en puestos callejeros.
·         Volver paulatinamente a la rutina habitual.

Fuente: EfeSalud 

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