viernes, 13 de abril de 2018

El pescado en la dieta: riesgos y beneficios


Importancia del pescado en la dieta
El pescado, los moluscos y crustáceos son uno de los alimentos característicos de la dieta tradicional mediterránea y atlántica, de gran importancia como aporte de proteínas de gran calidad nutricional, vitaminas (en especial de la vitamina D) y minerales. A ello suman el aporte de ácidos grasos Omega-3, un tipo de grasa de demostrado efecto protector frente a los riesgos cardiovasculares.

Una dieta sana es toda aquella dieta equilibrada, que aporta la cantidad de calorías adecuadas al consumo energético de la persona, según su edad, actividad física y estado de salud, y basada en la variedad de los alimentos. El pescado es uno de los componentes que debe de estar presente en la misma, en forma de varias raciones a la semana.

¿Cuáles son los beneficios de consumir pescado?
·         El pescado, en especial el pescado azul, como las sardinas, la caballa, el salmón o el atún, son una fuente muy importante de ácidos grasos omega-3. Los ácidos grasos omega-3 ayudan a controlar la presión arterial, mejoran la función cardiaca y reducen el impacto de otros factores de riesgo cardiovascular.

·         El consumo habitual de pescado se ha relacionado con un menor riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares, reduciendo el riesgo de infarto de corazón, de depresión y de demencia senil.

·         El consumo de pescado en mujeres durante el embarazo, o en el periodo de lactancia y en los niños durante los primeros años de desarrollo es una fuente importante de ácidos grasos y yodo necesarios para el desarrollo del sistema nervioso central.

·         El pescado es un alimento de fácil digestión, y que permite múltiples preparaciones de acuerdo a los gustos personales, que aporta vitaminas tan importantes como la vitamina A y D, y con un adecuado equilibrio de los distintos nutrientes.

¿Qué riesgos deben de tenerse en cuenta antes de consumir pescado?
El pescado, los moluscos y crustáceos en el medio acuático en el que se desarrollan pueden acumular elementos minerales o contaminantes, de origen natural o artificial, así como padecer parasitosis que pueden ser un riesgo para los consumidores de los mismos:
·         Biotoxinas, acumuladas especialmente por los moluscos bivalvos (mejillones, vieiras, almejas, navajas entre otros) que se alimentan del placton marino donde están presentes estas toxinas, el fitoplacton que da lugar a las llamadas “mareas rojas”. Para evitar que lleguen al consumidor moluscos con biotoxinas, en la Unión Europea, es obligatorio que las zonas de producción de estos moluscos tengan programas de vigilancia y control analítico.

·         La UNICA garantía es la compra de moluscos con etiqueta identificativa de su origen y de la depuradora donde han sido procesados. NUNCA deben de consumirse mejillones de roca o moluscos extraídos para consumo particular, salvo que se trate de zonas explícitamente autorizadas por los servicios de control sanitario.

·         Presencia de anisakis, parásito de pescados y crustáceos de aguas marinas. Sólo suponen un potencial riesgo en caso de consumir pescado parasitado crudo o casi crudo, y por ello, el pescado o los crustáceos deben ser sometidos a proceso de tratamiento por calor (cocción,  fritura, asado, etc.), o en caso de que vaya a ser consumido en preparación en crudo (en vinagre, ahumado en frío, marinado, sushi, etc.) congelarlo previamente durante por lo menos 24 horas y a una temperatura inferior a -20 ºC.

·         Presencia de metales pesados (mercurio, cadmio, plomo entre otros). Proceden de los vertidos naturales o por contaminación medioambiental e industrial a los mares a través de la lluvia, rías, o vertidos directos. Se trata de substancias que tienen regulados los niveles máximos tolerables en capturas destinadas a consumo humano, y sujetos por tanto a programas de control analítico por los servicios sanitarios. En general, la cantidad de estos metales pesados que se aportan en una dieta normal a través de los pescados no suponen riesgo alguno para la salud y, en cualquier caso, es mayor el beneficio que aportan los ácidos grasos omega-3 presentes en las grasas del pesado.

·         El exceso de ingesta de mercurio puede afectar al desarrollo del sistema nervioso en los primeros años de vida, y por ello se recomienda que en este periodo de edad, se sustituyan en la dieta habitual el pescado de tiburón, emperador o caballa (pescados de gran tamaño en los que pueden alcanzarse mayores concentraciones de mercurio) por otro tipo de pescado, INSISTIENDO en que es fundamental mantener el pescado en la dieta infantil, dados los beneficios que en el desarrollo cerebral tienen los ácidos grasos omega-3.

·         Las dioxinas y los llamados PCBs (policlorados bifenilos) son contaminantes producidos por los procesos de combustión y que pueden estar presentes en todos los alimentos, y por tanto también en el pescado. Pueden tener un origen natural o industrial, y han dado lugar a varias alertas alimentarias en la última década por incorporación accidental o fraudulenta en la cadena alimentaria.

·         La normativa europea tiene establecidos niveles máximos en los alimentos, existiendo programas de control. Las concentraciones presentes en los pescados son muy bajas y no suponen un riesgo, salvo en situaciones de contaminación accidental o industrial muy concretas en la que puede ser necesario limitar la pesca o cultivo marino. 

Conclusiones
El pescado, en especial el pescado azul, es una fuente muy importante de ácidos grasos omega-3, de demostrados efectos beneficiosos en la salud cardiovascular y en el desarrollo cerebral.

El pescado es uno de los alimentos que deben estar presentes en una dieta equilibrada.
Los potenciales riesgos del consumo del pesado, moluscos y crustáceos, se evitan garantizando la adquisición en centros autorizados de productos correctamente etiquetados, sometiéndolos a una correcta preparación, y variando el tipo de pescado o molusco que se consume.

Fuente: Fisterra

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