Fuente: Sescam
viernes, 29 de abril de 2022
Golpe de calor
viernes, 22 de abril de 2022
Apego seguro en los bebés
Los primeros tres años de vida son una ventana
clave del desarrollo. No se puede desarrollar el ser humano sin un vínculo. Ese
vínculo puede ser de distintos tipos, el más sano es llamado apego seguro.
Pero ¿qué es el apego seguro?
Es
regulación, conexión y exploración.
Cuando hablamos de regulación, estamos
hablando de unas competencias que tiene que tener el adulto en el vínculo,
competencias que tienen que ver con ser capaz de regular sus propios estados
emocionales [a través de corregulación (puedo ser regulado a través de otros
adultos, tengo formas seguras de vincularme con ellos, bajando mi nivel de
ansiedad-tristeza-enfado) y la otra vía es la autorregulación (puedo hacerlo yo
por mi cuenta)] y al mismo tiempo el que sufre el bebé/niño/adolescente. Cuando
nos referimos a la conexión, hablamos de
saber resonar, sintonizar, conectar con las emociones propias y con las que
siente el bebé/niño/adolescente. Una vez que el adulto ha regulado y conectado,
aparece la tercera pata: la exploración.
Estos procesos proporcionan al niño un círculo de
seguridad, en el que gracias a la base segura, el niño puede explorar y
aprender (parte superior), y gracias a considerarlo un refugio seguro, siempre
puede volver a él para regularse (parte inferior), debido a necesidades
fisiológicas por ejemplo, que requieren de mí esa necesidad de cubrirla, como
notar frío, estar cansado, estresado o incluso excesivamente activado,
contento. Ya no estaría con atención a un tercer objeto como en la exploración,
sino con la atención a las necesidades propias, orgánicas y emocionales. En la
parte inferior veríamos la regulación y la conexión; la regulación está
relacionada con la capacidad de consuelo que nos llegue de parte del otro, y la
parte de conexión tiene que ver con la capacidad que tenga el cuidador de
identificar que el otro tiene una necesidad (dar la bienvenida al
otro+alegrarme en el otro+organizar sus sentimientos+poder entender qué ha
ocurrido). Así, el infante poco a poco va “llenando taza”, hasta pasar a la
parte superior del círculo, la de exploración, pero no puedo estar en la parte
superior si necesito conexión.
En un apego seguro, el niño recorrería el círculo
en el sentido de las agujas del reloj.
De forma opuesta a las técnicas de conducta, las
de apego nos dan herramientas de relación para que podamos entender las
necesidades de los infantes, generando en ellos una seguridad duradera en ellos
y más satisfacción en los cuidadores.
Todas las personas, en todas las edades, tienen
necesidades de apego, que se pueden dividir en tres:
La primera, necesitamos la libertad y confianza
para explorar el mundo (Salir del círculo);
La segunda, sentir la seguridad de que cuando sea
que esté listo, puede volver a buscar protección y consuelo (entrar en el
círculo),
Y tercero, necesita que su cuidador se haga cargo
de una forma cariñosa (manos en el círculo).
Todos sabemos lo doloroso que es que nos
mantengan demasiado cerca cuando necesitamos explorar, o que mantengan la
distancia cuando necesitamos apoyo emocional. En todo momento, los niños se
encuentran en algún punto de este círculo.
La regulación emocional no implica estar bien:
implica sentir, de forma ecológica, lo que encaja en una determinada situación.
Muchos de los problemas de los pacientes tienen que ver, por un lado, con
sentir emociones que no encajan en esa situación (sentir miedo en contextos
relacionales, donde no hay realmente un peligro objetivo, o sentir una excesiva
vergüenza en contextos donde no encajaría sentir tanta vergüenza). Hablamos de
emociones claves en el desarrollo de un vínculo seguro, como son la alegría,
curiosidad, miedo, vergüenza y enfado. Cuando hay problemas en estas emociones
clave, o en emociones más complejas que se puedan apoyar en estas emociones,
hablamos de problemas de regulación emocional; no que no ocurran dichas emociones,
sino que existe un problema de intensidad emocional, sintiendo demasiado o con
demasiada frecuencia — desproporción, o demasiado poco, o incapaces de sentir a
muchos niveles.
Por tanto, la
regulación emocional, entrenada correctamente a través del vínculo de apego,
puede hacer que el niño, adolescente y luego adulto, pueda sentir una variedad
de emociones en una intensidad variable que va a encajar con la realidad de la
situación.
Los bebés no pueden regular sus estados
fisiológicos y emocionales. Nuestra especie nace con unas estructuras
cerebrales que tienen que madurar y a la vez entrenarse. La competencia y la
capacidad de regulación no es algo que nos venga de serie. Por tanto, está
claro que los bebés no pueden hacerlo por sí sólos, que necesitan un vínculo
para sobrevivir.
¿Quién regula por el bebé sus estados?
Un adulto. El adulto conecta con lo que necesita
el bebé (por tanto, un adulto previamente seguro y calmado, competente), y al
regularse, el bebé pasa a estar bien. Cuanto más pequeño, más rápido hay que
calmar la necesidad. Si esto sucede una y otra vez, se produce un proceso de
aprendizaje básico: cuando yo esté mal, algo va a suceder, y voy a estar bien.
Ese algo sucede en relación con otro. Sin embargo, no siempre se va a poder
cumplir esta necesidad; sin embargo, con que el 30% de las veces se pueda
cubrir esta necesidad, el vínculo será lo suficientemente bueno. Esto no quiere
decir que el otro 70% se pueda ignorar al bebé, siempre tiene que haber
intención de cuidado.
A medida que va creciendo el bebé, vamos viendo
cómo el bebé va creciendo él mismo y a través de la relación, a través de la
co-regulación y el acompañamiento en la autorregulación de la relación
cuidador-infante. Llegará un punto donde ya no será tan necesaria la implicación
materna, sino que sólo con estar presentes será suficiente.
No puede haber conexión con el otro si el
individuo no está lo suficientemente regulado. Si el sistema límbico está muy
activado, el prefrontal no se activa.
Si el bebé está regulado, conecta. En los bebés
pequeños, esta conexión sí está relacionada con el contacto visual, pero a
medida que crece, no es tan necesario.
Estar conectado es resonar, y resonar es sentirse
sentido, sentir un poco lo que el otro siente. Si el niño está regulado, y por
tanto calmado, se hace contacto, la parte de abajo del círculo. Cuando desvía
la mirada (en el caso de los más peques), se vuelve a la parte superior del
círculo. Cuanto más pequeño, menos tiempo puede estar en contacto visual, ya
que se activa mucho (a nivel de neuronas espejo). Conecta-desconecta.
Hay determinados ingredientes en la relación
madre-hijo que serán predictores de éxito. Uno de ellos es la capacidad del
adulto por alegrarse en la relación y de disfrutar de la relación y de mostrar
ambas cosas; cuanta más, mejor. Alegría por estar en relación, porque el otro
existe… esto está relacionado con la aceptación incondicional, aunque no es
esto exactamente.
Esta alegría y disfrute se refleja en los
momentos compartidos; con los más peques, puede ser compartir el descubrimiento
que hacen de su propio pie.
¿Qué pasos tenemos que dar para poner el
foco en el infante?
Atenderle, mirarle, advertir su ritmo de salir y
entrar y estar ok y no ok.
Para que un niño pueda explorar, hay que permitir
que ponga en práctica sus destrezas, que se equivoque… permitir que APRENDA.
Esto ocurre en la parte superior del círculo, la BASE SEGURA. El día de mañana,
cuando el adolescente no esté bajo la supervisión visual de su padre, habrá
otros signos que le harán entender que la exploración es segura.
Consejos para padres
·
Siempre ser
más grande, fuerte, sabio y bondadoso: mantener el equilibrio. Aquí lo difícil
es moverse entre la agresividad (serlo demasiado) y la debilidad (no ser capaz
de hacerse cargo y ser firme, no saber valorar qué necesidad específica tengo
que seguir).
·
Siempre que
sea posible, seguir la necesidad del niño. Es importante que esta necesidad se
siga al menos el 30% de las veces.
·
Observar al
niño
·
Identificar si
está arriba o abajo
·
Identificar
necesidad específica
·
Seguir y
cubrir esa necesidad
·
Cuando sea
necesario, hacerse cargo. Por ejemplo, cuando hay una pelea entre hermanos, o
cuando el niño quiere ponerse a hacer manualidades justo antes de salir de
casa.
·
Incompatible
con seguir necesidad
·
Cuando hay que
seguir necesidad de otro
·
Establecimiento
de normas y límites
·
Horarios,
obligaciones y estructura.
Fuente: Persum
jueves, 21 de abril de 2022
Trastornos del sueño y vigilia más comunes
Los Trastornos del Sueño pueden ser algo que nos
genere mucho malestar o incluso que afecte de manera grave nuestra vida. Por
eso, vamos a dedicar la entrada de hoy a hablar sobre ellos. Comentaremos
cuáles son los trastornos más comunes, cuáles son sus síntomas y cuál es el
tratamiento más frecuente.
¿Qué son los trastornos del sueño?
Los trastornos del sueño son aquellos trastornos
que están relacionados con dormir. Pueden estar relacionados con problemas para
iniciar el sueño, problemas para mantener el sueño, dormir mucho o incluso
quedarse dormido en situaciones inadecuadas.
Estos trastornos suelen tener consecuencias
negativas en la vida de las personas. Además, son bastante prevalentes. Tal y
como podemos leer en un documento de la Asociación Española de Neurología,
entre el 20 y el 48% de los adultos españoles tiene algún problema para iniciar
o mantener el sueño. Además, por lo menos el 10% cumple criterios para ser
diagnosticado de un trastorno de sueño.
Como los trastornos de sueño son diferentes entre
ellos, vamos a comentar cada uno de ellos en el siguiente apartado.
Tipos de trastornos de sueño
Para describir los trastornos usaremos el DSM-5,
el último manual diagnóstico de trastornos mentales de la Asociación Americana
de Psiquiatría (APA).
Es importante destacar que los síntomas de todos
los trastornos que se describirán a continuación, causan malestar en alguna de
las áreas importantes del funcionamiento de la persona como, por ejemplo:
laboral, educativo, académico, social, etc.
Insomnio
Este es, quizás, el más conocido de todos. Está
relacionado con problemas para dormirse, problemas para mantenerse dormido o
con despertarse pronto y no poder volver a dormirse.
Para que se pueda realizar el diagnóstico los
problemas descritos anteriormente, deben ocurrir durante, por lo menos, tres
noches a la semana durante tres meses.
La prevalencia de este trastorno en adultos es de
entre el 6 y el 10%. Además, entre el 10 y el 20% de las personas que son
tratadas en atención primaria cumplen criterios para su diagnóstico y entre el
40 y el 50% de las personas diagnosticadas tienen también otro trastorno
mental.
Hipersonmnia
Si el anterior estaba relacionado con dormir
poco, en este caso estaríamos hablando de todo lo contrario. Se trata de un
trastorno en el que, habiendo dormido al menos 7 horas, se presentan los
siguientes síntomas: caerse de sueño, dormir durante al menos 9 horas y sentir
que no se ha descansado y problemas para estar despierto después de haberse
despertado de manera brusca.
Como en el caso anterior, para que se pueda
realizar el diagnóstico los problemas descritos anteriormente, deben ocurrir
durante, por lo menos, tres noches a la semana durante tres meses.
En cuanto a la prevalencia, entre el 5 y el 10%
de las personas que acuden a una clínica del sueño con estos síntomas obtienen
un diagnóstico de hipersomnia. En cuanto a la población general, se estima que
el 1% de la población mundial cumpliría criterios.
Narcolepsia
Es uno de los más visibles, ya que las personas
se quedan dormidas de repente y sin poder evitarlo. Para poder diagnosticarlo
se tienen que producir periodos recurrentes en los que la persona no puede
evitar dormir o echarse en la siesta y esto suele ocurrir varias veces al día.
Además, en algunos de los episodios se debe perder el tono muscular para poder
diagnosticarlo.
También deben tener bajos niveles de hipocretina
y polisomnografía con latencia del sueño REM de menos de 15 minutos.
En este caso, la prevalencia es de entre el 0.02
y el 0.04% de la población mundial. Como podemos ver, es el menos prevalente de
los tres.
Apnea del
sueño
Es un trastorno del sueño relacionado con la
respiración. En este caso, puede ser de diferentes tipos: hipoapnea obstructiva
del sueño o apnea central del sueño. Lo que ocurre en ambos trastornos es que
la persona deja de respirar durante un periodo determinado de tiempo. El
periodo de tiempo que se pasa sin respirar, puede ser variable desde unos segundos
hasta unos minutos.
Parasomnias
Se trata de afecciones que ocurren cuando estamos
durmiendo. Las más comunes son:
·
Trastornos del
despertar del sueño no REM. Ocurren cuando las personas no se llegan a
despertar del todo y presentan sonambulismo o terrores nocturnos.
·
Trastorno de
pesadillas. Las personas sueñan cosas desagradables y recuerdan lo que han
soñado. Normalmente los sueños son relativos a sentir que su vida está
amenazada. Suelen ocurrir durante la segunda mitad del sueño y causan malestar.
·
Trastorno del
comportamiento del sueño REM. Las personas se despiertan y realizan
vocalizaciones o movimientos.
·
Síndrome de
las piernas inquietas. Se caracteriza por la necesidad de mover las piernas con
urgencia.
Conclusión
Como hemos mencionado, existen diferentes tipos
de trastornos del sueño y todos ellos pueden causar deterioro significativo del
funcionamiento de alguna de las áreas de la persona. Es decir, para poder
diagnosticar alguno de estos trastornos es necesario que la vida diaria de las
personas se vea afectada.
Además, en todos los casos se debe tener en
cuenta que el diagnóstico debe realizarse suponiendo que el sueño se produce en
una situación satisfactoria. En otras palabras, por ejemplo, para realizar el
diagnóstico de insomnio es necesario que la persona tenga unas condiciones
favorables para dormirse.
También se debe tener en cuenta en casi todos los
casos que no se puede realizar el diagnóstico de los trastornos anteriores si
la persona está consumiendo algún tipo de sustancia (drogas) o medicamentos. En
el caso de que sea así, se deberá realizar el siguiente diagnóstico:
"trastorno del sueño inducido por sustancias/medicamentos".
Relacionado con lo anterior, es importante tener
en cuenta que algunos medicamentos o sustancias pueden producir alteraciones
del sueño. Por ejemplo, los ansiolíticos pueden producir hipersomnia.
También es necesario considerar que, es normal
que una persona presente un trastorno del sueño y a la vez otro trastorno
mental como, por ejemplo, ansiedad o depresión y que son un tipo de trastorno
bastante prevalente.
Fuente: Psiquion


