viernes, 11 de septiembre de 2015

12 de septiembre: Día Internacional de Acción contra la Migraña

A pesar de que un 13% de la población padece dolores de cabeza (cefaleas) de tipo migraña, la migraña sigue siendo una enfermedad menospreciada e infravalorada.
Aproximadamente en un 3% de la población con migraña, el dolor se cronifica. El término médico de migraña crónica no se refiere a lo que se entiende popularmente por un proceso crónico, es decir, padecer una dolencia durante mucho tiempo, sino que implica padecer dolor de cabeza más de la mitad del mes, durante al menos los últimos 3 meses.

Para que se entienda mejor: El patrón típico es el de una persona que ha padecido en el pasado migraña, pero en baja frecuencia, habitualmente entre 1 a 3 episodios al mes. Pero con el paso del tiempo y de forma gradual, el dolor se hace cada vez más frecuente, de tal manera que cuando se va a dar cuenta conviven con un dolor de fondo continuo, teniendo que consumir analgésicos varios días a la semana. Por si fuera poco, tienen ataques de dolor más fuertes. Estos episodios más intensos no suelen ser tan virulentos como los que padecían años atrás (aunque también es posible), porque lo habitual es que con el paso del tiempo el dolor se vaya atenuando y porque se desarrolla tolerancia al dolor.   

Como factores predisponentes a la codificación de la migraña, además del factor genético, está la ingesta de cafeína, el sobrepeso/obesidad, apnea del sueño y tener más de 10 días al mes con cefalea.  Otros elementos que ejercen una influencia sobre la cronificación son: trastornos del ánimo (depresión, ansiedad) o dolor en la articulación temporomandibular (mayor predisposición en personas con bruxismo o “rechinar” de dientes). 

Es por todo esto que es FUNDAMENTAL que nuestra sociedad tenga en cuenta lo siguiente:

1.      Se CONCIENCIE de la importancia de una enfermedad llamada MIGRAÑA. No es un simple dolor de cabeza

2.     Se AYUDE a los que la padecen:
·          Identificando los síntomas y por tanto ayudando a su diagnóstico.

·         Alentarles en la búsqueda de tratamientos médicos (prescrita por médicos en base a eficacia científicamente contrastada).

·         No recomendar analgésicos en base a su experiencia personal o de oídas, sino bajo recomendación médica.

·         Conocer e identificar factores que favorezcan su progresión a la forma crónica (obesidad, apnea del sueño, depresión etc.).

·         Apoyar y comprender cómo un dolor de cabeza crónico puede anular a una persona, a pesar de tener “buen aspecto”. 

3.     Existen tratamientos que permiten CONTROLAR de forma satisfactoria la enfermedad. 

4.     La migraña predispone o facilita que existan otros problemas de salud, que se deberán vigilar: aumenta el riesgo cardiovascular, depresión, ansiedad, etc. 

5.     Es imprescindible valorar de forma INDIVIDUAL cada caso: porque cada persona y sus circunstancias son diferentes, y por tanto el enfoque terapéutico debe ser personalizado.

Consejos
Si eres uno de los muchos que sufre de este mal, entonces los siguientes consejos serán de utilidad para ti:

·         Cuando sufras un ataque de migraña, un método para terminarla de forma rápida es buscar la habitación más tranquila y oscura de tu casa, tomate un tiempo y descansa allí. Procura no cerrar tus ojos, pero si cubrirlos con algún antifaz, pañuelo o bufanda, esto ayudara a relajarte, no es aconsejable cerrar los ojos, ya que al hacerlo usamos músculos y la mandíbula que pueden aumentar el dolor.

·         Otro truco para relajarse durante una migraña es tener una respiración relajada, respira de manera lenta y profunda, concéntrate en tu respiración por un momento, eventualmente veras que el dolor de cabeza disminuye y tu comenzaras a sentirte mejor.


jueves, 3 de septiembre de 2015

100 Artículos


Con mucho orgullo comparto con los lectores que hoy hemos llegado a 100 artículos publicados en este blog.






martes, 25 de agosto de 2015

Consumo simultáneo de medicamentos y hierbas medicinales



El consumo de hierbas medicinales para el tratamiento de procesos menores ha aumentado considerablemente en nuestro entorno en los últimos años, hasta el punto de representar, de forma aproximada, uno de cada cuatro medicamentos que se obtienen sin receta médica. Por otra parte, su uso es frecuente en combinación con medicamentos propiamente dichos prescritos por los médicos.

La creencia de que las hierbas medicinales son seguras porque son naturales y se han empleado desde antiguo y el que se puedan adquirir en farmacias sin receta médica, en tiendas naturistas, herboristerías e incluso en grandes almacenes, hace que se acepten estos productos con unas expectativas beneficiosas, aumentadas en ocasiones por la publicidad, pero ignorando el riesgo para la salud que su consumo puede conllevar.

¿Qué hierbas medicinales son las más usadas?
Sin ánimo de ser exhaustivos, las especies vegetales medicinales más frecuentemente consumidas en nuestro medio, casi siempre como automedicación o por iniciativa propia, y exentas de registro son: la manzanilla, el té, la hierbabuena, el regaliz, la salvia, el sen, la tila, el anís verde, el poleo, el boldo, el romero y el laurel.

Otras, con un consumo inferior, serían: la valeriana, el ginseng, la cáscara sagrada, el passiflorine, el manasul, etc.

¿Qué efectos se buscan al consumir estas hierbas?
Los efectos terapéuticos buscados pueden ser laxantes o facilitadores de las deposiciones, hipnóticos o inductores del sueño, diuréticos o que ayudan a orinar, antidepresivos o incluso remedios mágicos para dejar de roncar, para tratar distintas infecciones a modo de antibióticos, etc. El peligro puede surgir cuando, a menudo, sustituyen a diagnósticos y tratamientos médicos apropiados.

¿Son eficaces y seguras las plantas medicinales?
Es importante destacar que, a menudo, las hierbas medicinales y los medicamentos comparten principios activos. Muchas personas prefieren el uso de estos productos “naturales” en lugar del medicamento porque piensan que son inocuos en lo referente a los efectos secundarios y ofrecen ventajas respecto del fármaco. Sin embargo, en los últimos años se han puesto de manifiesto algunas reacciones adversas, incluso graves, en pacientes que tomaban alguna de estas plantas medicinales sin control sanitario: intoxicaciones, contaminación por microorganismos patógenos, metales pesados o pesticidas, efectos adversos por componentes no declarados, reacciones alérgicas, etc.

Las hierbas medicinales y los medicamentos ¿pueden interaccionar?
Se han descrito múltiples interacciones entre las plantas medicinales y los medicamentos, algunas de ellas verdaderamente graves, por lo que es adecuado recomendar tanto a los pacientes como a los médicos una actitud vigilante, especialmente cuando los pacientes son tratados con medicamentos con potencial para provocar interacciones clínicas relevantes (anticoagulantes o medicamentos que retrasan la coagulación de la sangre, antiepilépticos o medicamentos usados para la epilepsia o convulsiones, antirretrovirales o fármacos usados en el SIDA, inmunosupresores o medicamentos que disminuyen las defensas del organismo, etc.).

Existen interacciones potenciales que se basan en el conocimiento que tenemos de cómo se comporta el medicamento en el organismo. Por ejemplo, todas las plantas que tienen un efecto laxante podrían disminuir la absorción de determinados medicamentos como el calcio, el hierro, el litio, la digoxina o fármaco usado para estimular el corazón, o los anticoagulantes orales.

¿Cómo se pueden evitar estas interacciones?
Algunos estudios han puesto de manifiesto que uno de cada cinco pacientes en tratamiento con medicamentos consumía hierbas medicinales por automedicación. Su elevado uso sugiere que la mayoría de las veces el médico de familia de estas personas desconoce su consumo y, ante la aparición de un efecto adverso, éste puede pasar desapercibido.

Por esta razón, es necesario que las personas que consumen alguna de estas hierbas medicinales tomen conciencia de que se trata de sustancias con posibles efectos perjudiciales sobre la salud, especialmente cuando se consumen concomitantemente con medicamentos, y comuniquen a sus médicos su uso. De la misma forma, éstos deberían registrar esos consumos en su historia clínica y tanto la administración sanitaria como los propios médicos deberían informar a los ciudadanos de los riesgos para la salud y las contraindicaciones de estos productos.