miércoles, 17 de agosto de 2022

Tratamiento de la dislalia infantil

 

La dislalia infantil es un trastorno del lenguaje que se diagnostica con cierta facilidad en un niño. Cuando un niño con más de 4 años pronuncia mal las palabras, no logrando una articulación correcta de las sílabas, el entorno familiar y educativo del niño lo nota fácilmente.

Al principio, muchos intentarán ayudarlo, corrigiendo su forma de hablar. Sin embargo, sin un tratamiento orientado y especializado, es muy difícil solucionar el problema de una forma casera.

Cómo se trata la dislalia infantil o mala pronunciación de los niños

La dislalia infantil suele ser detectada en los primeros años del niño, y aunque no represente gravedad es conveniente corregirla lo antes posible, para evitar problemas de conducta y de comportamiento en los niños.

Un diagnóstico temprano de esta dificultad en el habla del niño es sumamente importante porque, muy a menudo, otros niños se ríen del defecto de articulación o pronunciación, e imitan de forma ridícula y de burla, la forma de hablar del niño con dislalias.

Eso puede agravar el problema del niño, causándole trastornos en su personalidad, inseguridad, baja autoestima, problemas de comunicación con su entorno, y otras dificultades que pueden alterar su aprendizaje escolar.

Tratamiento de la dislalia infantil

Es conveniente saber que los niños con dislalias necesitan tratamiento con un especialista que aplicará el tratamiento adecuado, con la ayuda de juegos y mucha colaboración de la familia. Y es que la dislalia es un problema que no desaparece sin la intervención de un especialista. La intervención de un logopeda o de un maestro en audición y lenguaje, cuyo objetivo es que el niño aprenda a articular los sonidos correctamente, empieza con una evaluación del nivel articulatorio del niño, y un programa basado en los siguientes pasos:

1.   Estimulación de la capacidad del niño para producir sonidos, reproduciendo movimientos y posturas, experimentando con las vocales y las consonantes. Se le enseñará a comparar y diferenciar los sonidos.

2.  Estimulación de la coordinación de los movimientos necesarios para la pronunciación de sonidos: ejercicios labiales y linguales. Se enseña al niño las posiciones correctas de los sonidos más difíciles.

3.  Realización de ejercicios donde el niño debe producir el sonido dentro de sílabas hasta que se automatice el patrón muscular necesario para la articulación del sonido.

4.  Al llegar a este punto, el niño estará preparado para empezar con las palabras completas, a través de juegos.

5.  Una vez que el niño es capaz de pronunciar los sonidos difíciles, se tratará que lo realice fuera de las sesiones, es decir, en su lenguaje espontáneo y no solo en las sesiones terapéuticas.

El tratamiento consiste en ejercitar la musculatura que está interviniendo en la producción de los sonidos. La terapia se centra en juegos que facilitan la adquisición de las habilidades necesarias. Requiere implicación y participación tanto del niño como de su familia, para que el proceso pueda ser seguido y complementado por ellos en casa. Cuando la causa del trastorno viene por malformaciones físicas se requerirá un procedimiento médico para ayudar al niño a que supere las dificultades en el desarrollo de las capacidades del habla.

Cuando la causa del trastorno es por retrasos fonológicos, será necesaria una intervención educativa especializada para conseguir la adquisición de las habilidades para producir los sonidos del habla de forma completa. Hay casos, como los del frenillo lingual que se necesita de una intervención quirúrgica.

 

 

Fuente: guiainfantil.com

martes, 16 de agosto de 2022

Dislalia infantil, la mala pronunciación de los niños

La dislalia infantil, la mala pronunciación de los niños, es un trastorno en la articulación de los fonemas. Es el trastorno del lenguaje más común en los niños, el más conocido y más fácil de identificar. Suele presentarse entre los tres y los cinco años, con alteraciones en la articulación de los fonemas.

La dislalia infantil evolutiva es la que tiene lugar en la fase de desarrollo del lenguaje infantil, en la que el niño no es capaz de repetir por imitación las palabras que escucha y lo hace de forma incorrecta desde el punto de vista fonético. Tiene varias fases dentro del desarrollo del lenguaje del niño y finalmente termina cuando el niño aprende a pronunciar correctamente todos los fonemas.

¿Cuándo hablamos de dislalia infantil?

Cuando un niño menor de cuatro años presenta errores en la pronunciación, está considerado como normal, ya que está cubriendo una etapa en el desarrollo del lenguaje infantil.

En esta etapa, la dislalia evolutiva no requiere tratamiento ya que el habla y la adquisición del lenguaje están todavía está en fase de maduración. Sin embargo, si los errores en el habla se mantienen más allá de los cuatro años, se debe consultar un especialista en audición y lenguaje, es decir, con un logopeda.

Diagnóstico de la dislalia infantil

A un niño le diagnostican dislalia cuando se nota que es incapaz de pronunciar correctamente los sonidos del habla, que son vistos como normales según su edad y desarrollo. Un niño con dislalia suele sustituir una letra por otra, o no pronunciar consonantes.

Ejemplo: dice mai en lugar de maíz, y tes en vez de tres.

Cuando el bebé empieza a hablar, lo hace emitiendo, primero, los sonidos más simples, como el de la m o de la p. Estos sonidos son fundamentales para decir mamá o papá, palabras que no le supondrán un gran esfuerzo siempre que reciba la estimulación adecuada. A partir de este momento, el bebé comenzará a pronunciar sonidos cada vez más difíciles, lo que exigirá más esfuerzo de los músculos y órganos fonadores.

Es habitual que las primeras palabras de un bebé, entre el 8º y el 18º mes de edad, presenten errores de pronunciación. El bebé dirá aua cuando pida agua, o pete cuando quiera el chupete. Los bebés simplificarán los sonidos para que les resulte más fácil pronunciarlos. Sin embargo, a medida que el bebé adquiera más habilidades en la articulación, su pronunciación será más fluida. Cuando este proceso no se realiza con normalidad, se puede hablar de dislalias.

Tipos de dislalia infantil

La dislalia infantil presenta tipos muy variados. Existen dislalias orgánicas, audiógenas, o funcionales.

1.   La dislalia funcional: es la más frecuente y se caracteriza por un mal funcionamiento de los órganos articulatorios. El niño desconoce o realiza incorrectamente el punto y modo de articulación del fonema. No sabe hacer vibrar la lengua para pronunciar bien la RR, y suele reemplazar la S por la Z, o la R por la D.

2.  La dislalia orgánica: hace que el niño tenga dificultades para articular determinados fonemas por problemas orgánicos. Se presenta en los niños cuando presentan alteraciones en las neuronas cerebrales, cuando tienen alguna malformación o anomalías en los órganos del aparato fonador.

3.  La dislalia audiógena: se caracteriza por dificultades originadas por problemas auditivos. El niño se siente incapaz de pronunciar correctamente los fonemas porque no oye bien. En algunos casos, es necesario que los niños utilicen prótesis.



 Fuente: guiainfantil.com

 


jueves, 11 de agosto de 2022

Las 8 enfermedades más comunes en verano

 

El aumento de las temperaturas potencia el crecimiento de algunos patógenos, por lo que corremos un mayor riesgo de sufrir determinadas enfermedades.

Durante los meses de verano no solo cambian las condiciones climatológicas, sino también nuestros comportamientos. Las temperaturas elevadas, los cambios de temperatura bruscos por los que pasamos, el pasar mucho tiempo en el agua, comer fuera más a menudo, sudar con frecuencia…

Todos estos factores incrementan el riesgo de padecer distintas enfermedades. Y es que, si bien es en esta época que el riesgo de sufrir enfermedades propias del invierno como la gripe o el resfriado común disminuye, seguimos siendo susceptibles de padecer patologías causadas por patógenos que “prefieren el calor”.

Por ello, en el artículo de hoy haremos un repaso de las enfermedades más frecuentes en verano, detallando tanto sus causas como sus síntomas, así como las maneras de prevenir su adquisición y los tratamientos disponibles actualmente para combatirlas.

¿Por qué hay enfermedades más comunes en verano?

Es una pregunta de difícil respuesta, aunque podría explicarse por la interacción de tres “actores” principales: la naturaleza de los patógenos, los cambios de nuestro cuerpo ante las altas temperaturas y las actividades que realizamos los meses de verano.

En primer lugar, es importante tener en cuenta la naturaleza de los patógenos. Si en invierno decíamos que los virus prefieren las bajas temperaturas porque aprovechan el efecto del frío en nuestro epitelio respiratorio para causarnos enfermedades respiratorias, con las bacterias suele pasar lo contrario. Las bacterias prefieren el calor.

A bajas temperaturas, las bacterias tienen más dificultades para crecer. La muestra más clara de ello es que guardamos los alimentos en la nevera para evitar que se deterioren rápido, pues el frío inhibe el crecimiento de estos microorganismos.

A mayor temperatura, más rápido van a crecer, siempre que no se supere su temperatura máxima de resistencia. Pero en verano es cuando las temperaturas son más óptimas para su desarrollo y replicación. Si en el exterior se está a 5 °C, a las bacterias les va a costar mucho más crecer que si se está a 25 °C. Y es que las bacterias prefieren los meses calurosos. Por ello, muchas enfermedades bacterianas tienen una incidencia mayor en esta época del año.

En segundo lugar, también es importante tener en cuenta los cambios que sufre nuestro cuerpo ante las altas temperaturas. Y es que el calor hace que sudemos más, perdamos líquidos y electrolitos, con los problemas de salud que esto puede llegar a suponer. El aumento de las temperaturas hace que suframos problemas de deshidratación, además de debilitar nuestro cuerpo en general.

Por último, es muy importante considerar los comportamientos que adquirimos en verano y las actividades que realizamos. Y es que los cambios bruscos de temperatura al usar demasiado el aire acondicionado pueden debilitar nuestro sistema inmune y hacernos más sensibles de enfermar.

Además, pasar mucho tiempo en las playas y las piscinas, cambiar nuestros hábitos alimenticios, alterar mucho nuestros patrones de sueño… Todo esto hace que el riesgo de padecer determinadas enfermedades aumente durante los meses de verano.

¿Qué enfermedades son más comunes los meses de calor?

Por regla general, las enfermedades vinculadas al consumo de alimentos en mal estado a causa del rápido crecimiento de bacterias y las relacionadas a la humedad son las más comunes. Es decir, las patologías gastrointestinales y las dermatológicas son las que tienen una mayor incidencia en verano, aunque hay que dejar claro que pueden padecerse en cualquier momento del año.

De todos modos, hay formas de prevenir su contagio: cuidar más que nunca la higiene de los alimentos y guardarlos en la nevera rápidamente, lavarse con mucha frecuencia las manos, no pasar demasiado tiempo en el agua, vigilar los cambios bruscos de temperatura, mantenerse siempre hidratado, usar protección solar, utilizar calzado en piscinas públicas… Seguir estas estrategias reduce el riesgo de contagiarse por la mayoría de las enfermedades que presentamos a continuación:

1. Quemaduras solares

Aunque no sea una enfermedad como tal, las quemaduras solares son uno de los motivos de consulta médica más frecuentes en verano. Y es que además de los problemas a largo plazo que comporta la excesiva exposición a la radiación solar, a corto plazo pueden causar quemaduras de segundo y tercer grado.

Estas lesiones pueden llegar a ser muy graves y llegar a requerir de atención médica inmediata para evitar que derive en complicaciones peligrosas para la salud.

2. Salmonelosis

La salmonelosis es una intoxicación alimentaria más común en verano ya que el patógeno causante, “Salmonella”, es una bacteria que crece mejor a altas temperaturas. Su contagio suele ser por el consumo de carnes mal cocinadas, frutas y verduras mal lavadas, huevos crudos o productos lácteos sin pasteurizar.

Por ello, es muy importante respetar las normas higiénicas en la cocina y cocinar bien los alimentos, pues si quedan crudos es posible que la bacteria siga viva y nos infecte. En caso de comer fuera, procurar hacerlo en sitios donde parezca que respetan las condiciones de sanidad.

Los síntomas incluyen fiebre alta, diarrea intensa, dolor abdominal, náuseas y vómitos frecuentes, dolor de cabeza, debilidad y fatiga… Es más grave que una gastroenteritis pero no suele requerir de tratamiento, pues suele remitir por sí sola antes de la semana.

3. Gastroenteritis

La gastroenteritis es la enfermedad de transmisión alimentaria más frecuente y su incidencia es especialmente alta los meses de verano. Está causada tanto por virus como bacterias, aunque en los meses calurosos suelen ser de origen bacteriano.

Miles de millones de personas la sufren cada año y los síntomas más comunes son la diarrea, los vómitos, el dolor abdominal y a veces la fiebre y los escalofríos. Su gravedad depende del patógeno causante, aunque no suele ser un problema serio y la mayoría de personas se recuperan sin necesidad de tratamiento.

El problema viene con los niños, los ancianos y los inmunodeprimidos, los cuales sí que pueden tener problemas de salud asociados a la deshidratación que la diarrea y los vómitos causan. De hecho, en los países pobres, la gastroenteritis es la principal causa de mortalidad infantil.

4. Otitis

La otitis es muy frecuente en verano ya que después de bañarnos en la piscina o la playa, puede quedar agua en el oído, cosa que aprovechan distintas bacterias para crecer, en caso de que el agua estuviera contaminada por ellas.

La mayoría de casos son de otitis externa, que consiste en una inflamación del conducto auditivo externo a causa del crecimiento de estos patógenos. El dolor de oído es el síntoma más común, aunque también son frecuentes el dolor de cabeza, el enrojecimiento del oído, la fiebre e incluso la pérdida de audición.

Para prevenir su contagio es importante no bañarse en aguas que parecen sucias y reducir el tiempo que pasamos con la cabeza sumergida en el agua en cualquier playa o piscina. De todos modos, el tratamiento con gotas para los oídos con antibióticos suele resolver la enfermedad rápidamente.

5. Cistitis

La cistitis es la enfermedad urológica más común y su incidencia es mayor en los meses de verano, especialmente en mujeres, pues estar mucho tiempo en el agua y/o con el bañador mojado aumenta las probabilidades de sufrir una infección de la vejiga por parte de bacterias.

La sintomatología es la siguiente: dolor al orinar, necesidad constante de orinar, fiebre baja, molestias en la zona de la pelvis, turbidez en la orina, orina de mal olor, presión en la parte baja del abdomen, micciones con pequeña cantidad e incluso sangre en la orina. De todos modos, el tratamiento con antibióticos suele ser efectivo.

6. Pies de atleta

Los pies de atleta y otras enfermedades dermatológicas causadas por hongos son especialmente frecuentes en verano. Y es que las condiciones de alta humedad y elevadas temperaturas en espacios cerrados, especialmente las duchas de las piscinas y otros lugares similares, propician el crecimiento de hongos que infectan nuestra piel. Por ello, es importante ir calzado en baños públicos, duchas y otros recintos cerrados con bastante humedad y suelos mojados.

7. Deshidratación

La deshidratación es una de las principales complicaciones del verano, especialmente en personas mayores. Sudar mucho a causa del calor puede hacer que perdamos demasiado líquido, algo que puede resultar grave en las personas más sensibles, pues puede causar desmayos e incluso la muerte si el famoso “golpe de calor” es muy fuerte. Por ello, es muy importante beber unos 2 litros de agua diarios en verano, en especial las personas mayores, pues los problemas de deshidratación durante los meses calurosos están entre una de las principales causas de mortalidad.

8. Conjuntivitis

La conjuntivitis consiste en una inflamación de la conjuntiva, que es la membrana transparente que recubre el párpado y la córnea. Puede estar provocada por una infección bacteriana, cuyo riesgo también aumenta en verano. Pero es que, además, los meses calurosos también reúnen las condiciones para sufrir esta inflamación sin que sea a causa de una infección.

Y es que los cambios bruscos de temperatura, el cloro de las piscinas, la sal del agua de mar, la exposición a la radiación solar… Todas estas situaciones pueden conducir a una conjuntivitis, que se expresa con los siguientes síntomas, los cuales son especialmente notorios en caso de que sea de origen bacteriano: dolor en los ojos, hinchazón, enrojecimiento, lagrimeo, formación de legañas, etc, aunque no suele afectar a la visión.

 

Fuente: Medico+