lunes, 5 de agosto de 2019

10 claves para saber cómo prevenir un ahogamiento


Según el Informe Nacional de Ahogamientos, 372 personas adultas fallecieron en 2018 por ahogamiento en España. En su gran mayoría hombres y preferentemente en el mar. Siendo el grupo de población más expuesto las personas mayores de 75 años. Canarias, Andalucía y Galicia son las provincias con más riesgo. En el caso de los niños, la incidencia es menor (36 en el año 2017) pero la casuística es diferente. Las piscinas privadas y la desatención de los adultos a su cargo son las causas más frecuentes y los menores de 5 años son los que más riesgo tienen. Alejandro Blanco, enfermero experto en emergencias extrahospitalarias y profesor de la Escuela Internacional de Ciencias de la Salud nos explica, a través de diez consejos, cómo saber evitar un ahogamiento:

1.      Enseñar a nadar a los más pequeños desde su nacimiento: Los niños deben saber defenderse en el medio acuático lo antes posible.

2.     Impedir el acceso a las piscinas sin supervisión de un adulto: Las piscinas privadas son el mayor riesgo de desatención, caída accidental y ahogamiento. Deben estar valladas en su perímetro e impedir el acceso a los menores.

3.     Enseñar a los menores los riesgos asociados al medio acuático: Desde pequeños deben conocer que el agua es un riesgo. El mar, las piscinas, los lagos y los ríos.

4.      Nunca bañarse solo: Las personas con riesgo alto, como niños menores de 5 años y mayores de 75 años no deben bañarse solos, para poder recibir ayuda en caso necesario.

5.     Usar dispositivos de flotación en caso de no saber nadar bien: Nunca sobrestimar las capacidades en el agua. Es mejor que haya exceso de flotación que agotamiento en el agua. Pero no olvides que la seguridad está en la vigilancia, no en los dispositivos de flotación.

6.     Las playas y piscinas más concurridas deberían contar con vigilancia profesional: Disponer de un equipo de socorristas disminuye el riesgo de muerte por ahogamiento considerablemente. Si tienes problemas de salud no dudes en comunicárselo a los socorristas para que incrementen la vigilancia.

7.     Hacer caso de las normativas de baño: Diferentes tipos de banderas (verde, amarilla y roja), profundidades riesgos de corrientes, etc.

8.     Respetar las horas de digestión y evitar bañarse en agua muy fría: El riesgo de hidrocución debe evitarse. No es recomendable los cambios bruscos extremos de temperatura, evitando las horas postpandriales.

9.     Desconfiar de las zonas de baño desconocidas: Informarse de la profundidad de embalses, ríos o piscinas es fundamental para poder zambullirse en el agua con seguridad. Corrientes, temperatura del agua y demás riesgos solo se pueden evitar si se conocen previamente.

10.   Familiarizarse con los Primeros Auxilios en caso de ahogamiento: Activar la cadena de Supervivencia y conocer la Reanimación Cardio Pulmonar es muy importante para evitar la muerte en caso de parada cardiaca por ahogamiento. Asistir las constantes vitales mantiene la probabilidad de supervivencia.

En definitiva, prevención, educación y mucho sentido común son las principales pautas para prevenir un incidente que es más habitual de lo que desearíamos.

Fuente: EICS 

miércoles, 31 de julio de 2019

Instrucciones para combatir la ola de calor

Son recomendaciones aportadas por Cruz Roja y la sociedad médica de atención primaria SEMERGEN, y se centran en explicar cuáles son los grupos más vulnerables en una ola de calor, como hay que protegerse en relación con el sol, las comidas y la ropa. También explica cómo actuar ante un golpe de calor.
Las personas más vulnerables son los mayores, niños y niñas menores de 4 años, embarazadas, personas con sobrepeso u obesidad, enfermos crónicos y personas con discapacidad.

En lo referente a bebida, la ingesta de líquidos en abundancia es primordial, especialmente agua, así como evitar bebidas alcohólicas, con cafeína y bebidas azucaradas.

Las comidas deben ser ligeras y refrescantes, con especial atención a las frutas, ensaladas, verduras, gazpachos…

Ligera debe ser también la ropa, de colores claros mejor, que no apriete y que transpire. Conviene utilizar gorros o sombreros, y emplear calzado cómo, que transpire también.

En cuanto al sol, hay que aplicar más que nunca una protección solar adecuada, incluida la protección labial. Una aplicación que debe hacerse 30 minutos antes de salir de casa, con renovación regular. La protección de los ojos con gafas de sol también se aconseja, así como evitar productos fotosensibles, como perfumes alcohólicos.

Los golpes de calor y las insolaciones se producen cuando el cuerpo no es capaz de mantenerse a una temperatura baja.

Ante un golpe de calor, hay que colocar a la persona afectada en un lugar con sombra. Quitarle ropa para airearle y poner paños de agua fría en las axilas, la frente y el pecho. Si está consciente, rehidratar con bebida (agua, bebidas isotónicas), elevando levemente la cabeza.

Si el paciente está inconsciente, hay que ponerle en posición de seguridad acostado de lado y con las piernas flexionadas y colocando también paños de agua fría en frente, axilas y pecho, y llamar al 112.



Fuente: EFESalud con información de Cruz Roja y SEMERGEN

viernes, 26 de julio de 2019

Efectos saludables del verano


El estrés crónico es uno de los grandes males de nuestro tiempo. Durante el invierno pensamos frecuentemente en el verano, asociándolo a descanso, desconexión de las obligaciones cotidianas, relajación, tiempo libre, familia, amigos, etc.

Algunos efectos no tan positivos pueden ser determinados procesos infecciosos (diarrea, conjuntivitis, otitis), quemaduras solares, enfermedades…

Las vacaciones disminuyen nuestros niveles de estrés, manteniéndose algún tiempo tras la vuelta a la rutina. El periodo estival asocia cambios que favorecen dicha situación, como por ejemplo el incremento en la duración de los días o en la temperatura, el clima seco, entre otros.

En virtud a dichas variaciones, se suelen modificar los estilos de vida, hábitos dietéticos, rutinas de ejercicio, etc. Aunque dichos cambios se instauran, de manera paulatina, durante la primavera, en ocasiones la adaptación a dicha situación puede acabar impactando sobre la salud.

La mayor intensidad lumínica, que acompaña al incremento en la duración de los días, impacta sobre los biorritmos, tendiendo a prolongar la actividad durante todo el día, prolongando las horas de ocio y retrasando o acortando las horas de ocio. Es importante mantener las 8 horas de descanso. Además, también afecta positivamente al estado de ánimo.

El aumento de temperatura puede complicar el manejo de los líquidos corporales que realiza el cuerpo, especialmente en situaciones de deterioro previo (neurológico, cardiológico, metabólico, respiratorio, renal, etc). En estas situaciones, es fundamental mantener un estado de hidratación adecuado, especialmente en niños y ancianos.

En verano, el clima es más seco, pudiendo interrumpirse por momentos de inestabilidad atmosférica que provoquen precipitaciones, contribuyendo a la presencia de cambios térmicos.

Por ello, son más frecuentes algunas patologías respiratorias (resfriados) o de origen otorrinolaringológico (faringitis, entre otras). La asociación de mayores temperaturas con climas más secos puede conllevar una mayor utilización del aire acondicionado, favoreciendo todavía más la aparición de las patologías citadas.

Los cambios climatológicos estivales, junto con el incremento del tiempo de ocio, invitan a modificar los estilos de vida (dieta, ejercicio físico, etc), a pasar más tiempo al aire libre, y a compartir más tiempo con familia y amigos, ayudándonos, así, a relajarnos y a desconectar.

La mayor exposición solar tiene efectos positivos sobre el cuerpo, como por ejemplo el incremento en los niveles de vitamina D. No obstante, debe realizarse con precaución y utilizando ropa y cremas fotoprotectoras para evitar problemas, como el cáncer de piel.

La alimentación también se adapta a la época del año, incrementándose la ingesta de frutas y verduras frescas. Son alimentos frescos bajos en calorías, que ayudan a sentirnos más sanos y mejoran nuestra imagen corporal, aumentando nuestra satisfacción.

Asociado al calor, incrementamos la ingesta hídrica, mejorando nuestra hidratación. El abuso de otros alimentos menos saludables (como helados, bebidas alcohólicas, alimentos cocinados con exceso de aceites, etc), podrían generar cambios en nuestro ritmo intestinal, y también podría aumentar el perímetro abdominal.

El incremento de actividades de ocio y tiempo libre con familiares y amigos disminuye la utilización de tecnologías, relajando nuestra actividad cerebral, estimulando el razonamiento, la formulación de nuevas ideas, el análisis y la creatividad.

Además, se dedica más tiempo a la realización de actividades por placer (lectura, ejercicio físico, etc). La disminución del estrés durante las vacaciones, persiste durante algún tiempo tras la vuelta a la rutina cotidiana. Las vacaciones parecen tener un efecto protector frente a la depresión.

A nivel cardiovascular, estudios como el de Framingham han demostrado que las personas que no cogen vacaciones durante varios años presentan mayor riesgo de sufrir ataques coronarios que aquellas personas que sí lo hacen.

Medidas para disfrutar del verano de manera saludable
·         Planificar las vacaciones, aptas para toda la familia si así se desea.
·         Practicar hábitos y estilos de vida saludables (alimentación, ejercicio físico, etc).
·         No descuidar los horarios, manteniendo un descanso de 8 horas.
·         Protegernos adecuadamente de la exposición solar, mediante gafas de sol, ropas de manga larga, sombreros y cremas fotoprotectoras, evitando la exposición solar en las horas centrales del día. La aplicación de cremas fotoprotectoras debe repetirse cada 2 horas.
·         Hidratarnos adecuadamente. Cuidar especialmente la hidratación de niños y ancianos.
·         Lavar y pelar frutas y verduras antes de ingerirlas.
·         Cocinar bien carnes y pescados antes de ingerirlos.
·         Si viajamos al extranjero:
o   Consultar, con al menos 2 meses de antelación, con los organismos sanitarios pertinentes.
o   Beber agua embotellada.
o   No tomar hielo procedente de agua del grifo.
o   Prestar especial cuidado a la comida, evitando comer en puestos callejeros.
·         Volver paulatinamente a la rutina habitual.

Fuente: EfeSalud