miércoles, 23 de noviembre de 2016

Consejos para los niños que hacen deporte



Los adultos que supervisan las actividades físicas de los niños deben evitar que hagan deporte en condiciones ambientales de riesgo o peligrosas.

¿Es necesaria una dieta especial para los jóvenes deportistas?
La dieta de un niño deportista es igual que la de cualquier otro, es decir, una dieta variada y equilibrada. Tan solo se aumentan los aportes calóricos (comer un poco más) para compensar el gasto extra.

Se debe dar una información nutricional apropiada desde la niñez. Es recomendable que el niño tome parte en la elección de sus alimentos. Para esto debe facilitarse la adquisición de hábitos de alimentación adecuados por parte de la familia, la escuela y sus entrenadores. Mejor si esto se hace desde mucho antes de la adolescencia, cuando la mejora de los hábitos en la alimentación es mucho más factible.

¿Son necesarios aportes extras de vitaminas o hierro?
Hay que dar una dieta equilibrada y variada. Si se hace así, no hacen falta aportes extras. Un atleta bien alimentado no tiene riesgo de falta de hierro. Por tanto, no se debe suplementar con hierro, ni antes ni durante el entrenamiento deportivo.


¿Qué precauciones se deben de tener cuando hace calor y hay peligro de “golpe de calor”?
El golpe de calor se produce cuando se hace actividad física intensa con altas temperaturas. El cuerpo pierde agua por el sudor hasta un punto en el que no se puede regular la temperatura que comienza a subir hasta producir una hipertermia. Aparecen vómitos, malestar, dolor de cabeza; es una emergencia médica con peligro vital.

Para su prevención es importante:
1.      Reducir la actividad física o modificarla según las condiciones ambientales.

2.     Hidratación correcta:
·         Beber 250 ml (un vaso) de agua fría quince minutos antes de la competición.
·         Seguir bebiendo pequeñas cantidades (100-300 ml) de líquido durante el ejercicio, cada 20-30 minutos, aunque no se tenga sed.
·         Beber siempre que se tenga sed, sobre todo si hay exceso de peso o temperatura alta y seguir bebiendo cuando se pase la sed.

3.     Acondicionamiento anticipatorio. Se consigue con el entrenamiento previo. De forma práctica, le aconsejaríamos a un adolescente no entrenado un ejercicio aeróbico de al menos 30 minutos 4 días a la semana. Esto logra el acondicionamiento cardiovascular y que el cuerpo esté mejor preparado para la actividad física.

4.     Incremento gradual (aclimatación) al esfuerzo físico. Se logra gradualmente durante 8-10 días antes de realizar ejercicios importantes con temperaturas altas. Así se “aclimata” el organismo a las condiciones de calor.

5.     Elección de líquido rehidratante: El agua a 12-13 ºC parece ser la bebida ideal de restitución. No hay pruebas científicas para pensar que hacen falta aportes electrolíticos o de glucosa (bebidas comerciales) para la rehidratación del deportista.

6.     Ropa apropiada: debe ser ligera.

7.     Los adultos que supervisan las actividades físicas de niños deben evitar la actividad en condiciones ambientales de riesgo o peligrosas, especialmente en los niños de corta edad y  niños con sobrepeso.

¿Se puede prevenir el estrés ligado al deporte?
En los deportes competitivos se origina estrés ligado a la competición, pero no debe ser excesivo. Además, al niño se le deben de facilitar los mecanismos para combatirlo:

1.      El programa deportivo debe ajustar el nivel adecuado de competencia para cada niño, evitando el estrés por la desigualdad (edad, talla, peso, etc.). Se deben adoptar medidas que disminuyan estos desequilibrios.

2.     Sugerir a los padres y entrenadores comportamientos adecuados para que estos, con su conducta, no aumenten el estrés del niño. Es fundamental comprender que la capacitación para participar en deportes organizados debe determinarse de forma individual y según el deseo del niño (no de los padres).

3.     En los programas deportivos estructurados ha de primar el objetivo de la participación y el disfrute, frente a los de competición y el afán de victoria.

Si un niño tiene una discapacidad, ¿puede realizar deporte?
Sí, es aconsejable dentro de las posibilidades del niño, que participe en actividades con el resto de compañeros a nivel escolar. Si la discapacidad se lo impide, se debe intentar realizar actividad multideporte adaptada a sus condiciones.

Si un niño tiene asma, ¿puede realizar actividad física? ¿En qué condiciones?
·         Si el asma está controlada, la actividad física mejorará su calidad de vida y disminuirá la gravedad de las crisis.

·         Es conveniente que consulte con su pediatra si tiene que administrarse antes del ejercicio alguna de las medicaciones inhaladas que utiliza habitualmente.
·         Debe hacer un calentamiento gradual.

·         En invierno es muy importante inhalar el aire por la nariz o a través de una protección (bufanda, “braga”…) y evitar hacer actividad física si tiene una infección respiratoria.

·         Los niños con alergia a pólenes pueden tener que evitar la actividad física en el exterior durante los días con alta concentración de polen ambiental.


Fuente: Asociación Española Pediatría



lunes, 14 de noviembre de 2016

El Sueño en los Ancianos



El envejecimiento afecta a todas las funciones del organismo, incluido el sueño, aunque no a todas ellas lo hace con la misma intensidad ni en el mismo momento.

Además en los ancianos la edad cronológica no siempre coincide con la fisiológica, por lo que los cambios en los patrones de sueño pueden aparecer en algunos sujetos antes y en otros más tarde.

En comparación con adultos jóvenes se ha observado varios cambios prominentes que afectan tanto a la arquitectura del sueño nocturno como al ritmo circadiano de sueño-vigilia. Todos estos cambios contribuyen a que el sueño de los ancianos se caracterice por ser más “frágil” que el de los sujetos más jóvenes.

Existe controversia sobre si la necesidad de sueño disminuye con la edad. Sin embargo, las personas de edad avanzada sanas tienden a necesitar y obtener el mismo tiempo de sueño que tenían cuando eran jóvenes, aunque pueden tener distinta arquitectura y diferente distribución del mismo en 24h.

De forma objetiva podemos decir que los ancianos pasan más tiempo en la cama, menos de él durmiendo, ya que tardan más tiempo en conciliar el sueño, presentan más despertares intrasueño y con periodos de vigilia nocturna prolongados, tienen menor eficiencia de sueño, con menor proporción de sueño profundo de ondas lentas y REM, además de presentar alteraciones en la alternancia de la vigilia y sueño.

Trastornos del sueño en el anciano
Los problemas de sueño son frecuentes en los ancianos, y como ya hemos dicho, están probablemente más relacionados con una menor “habilidad” para dormir, que con un descenso de la “necesidad” de dormir.

Los factores que contribuyen al deterioro del sueño en la senilidad son:

·         Cambios fisiológicos propios del envejecimiento.

·         Patología propia del sueño más frecuente en estas edades: Insomnio, Síndrome de apnea-hipopnea del sueño, movimientos periódicos de las piernas…

·         Otras situaciones frecuentemente asociadas con la edad: Existencia de enfermedades médicas, condiciones psicosociales, hábitos de sueño, tratamientos concomitantes…

·         Insomnio: Es el motivo de queja más frecuente. Su frecuencia aumenta con la edad, especialmente la forma crónica, y suele ser secundario. Como factores de riesgo para la aparición de insomnio en la vejez encontramos la depresión, los síntomas respiratorios, la incapacidad, la sensación subjetiva de mala salud.

·         Alteraciones del ritmo circadiano: El avance de fase es un trastorno del ritmo circadiano vigilia-sueño frecuente en personas de edad avanzada. Se observa en sujetos que tienen somnolencia al atardecer-anochecer por lo que se acuestan pronto despertándose temprano, con dificultad para volver a conciliar el sueño.

·         Síndrome de Apnea-Hipopnea del sueño: Su prevalencia aumenta con la edad, aunque la severidad del trastorno, puede disminuir en los ancianos. En las mujeres este trastorno es más frecuente tras la menopausia. En los ancianos la aparición de un síndrome de apnea-hipopnea se trataría de un condición secundaria a procesos dependientes del envejecimiento (incremento del colapso de la via aérea, descenso de la respuesta musculatura faríngea a la presión negativa, estrechamiento del calibre de la vía aérea (por depósito graso), disminución de la capacidad de difusión del oxígeno aumento de peso y la existencia de otras patologías (ej: hipotiroidismo).Además no hay una respuesta apropiada a las concentraciones de oxígeno y CO2 en la sangre.


Fuente: Instituto del sueño